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Entre los dos modelos de país

mineros ilakaka lr fef
Hola a todos. Hoy mi amigo Javier me envía un artículo muy recomendable que me ha hecho empezar el finde semana con una reflexión. Ahí va para la comunidad.
El artículo:
Estoy muy de acuerdo con el autor, con el tono sereno con el que dice al final, que la regeneración tiene que venir desde abajo, que las élites, por pura inercia, acaban barriendo para su propio beneficio…
Me gusta especialmente cuando dice “…puede incluso resultar insultante que Molinas resucite a Ortega para señalar que España no tuvo “heterodoxos dignos de tal nombre”, cuando todavía quedan cadáveres por identificar en las fosas comunes del franquismo, cuando todavía no nos hemos recuperado de los efectos intelectuales y sociales del exilio republicano y la represión política tras la Guerra Civil.”
A lo que yo añadiría, que esas armas por las que ganó el bloque rebelde conservador, venían de fuera, apoyados por esas mismas democracias que tanto hemos admirado, que parecían destinar a España al hoyo fascista… ¿porqué no bajaron los aliados más allá de los Pirineos?.. tan peligrosa parecía esa España republicana, y “creativa” a ojos de la CIA o de los gobiernos que resultaron tras la segunda guerra mundial?…
De alguna forma, tiendo a pensar que hoy ocurre algo parecido aunque en un grado mucho menor, por supuesto. De la misma manera que el impresentable gobierno de Israel se mantiene por intereses geoestratégicos en Oriente Medio, gobiernos títere como el nuestro, se mantienen por intereses geopolíticos y financieros que emanan desde los centros de poder Europeo.
Por las mismas razones por las que tampoco en Egipto, Túnez o Marruecos no interesan unas auténticas democracias, tampoco interesa una democracia real en España. Es más inteligente mantener calladita a la gente para que las tuberías por donde fluyen servicios a bajo precio, valores inmobiliarios de ganga o hidrocarburos de oferta sean despachados desde los salones o las haimas del poder.
Esto me lleva a pensar, quizá precipitadamente y con los riesgos que lleva la simplificación, que el mundo hay dos modelos básicos separados por una escala de grados: uno es el modelo de país fuerte donde política y economía están muy unidas, mantienen una fuerte identidad cultural que irradian hacia fuera, y las élites tienen una gran capacidad de gestión creativa y medios para llevarla a cabo; y dos, modelo de país débil con grandes tensiones sociales donde la población es sistemáticamente sometida con el beneplácito internacional en connivencia con las élites. (con sus infinitos recursos, bien con armas, bien con asesoramiento, bien desmantelando cualquier resistencia…) En el segundo modelo interesa el caos, el desprestigio, el complot mediático nacional e internacional, la estigmatización de la resistencia, la represión… Todo lo necesiario para que la soberanía del país sea arrebatada. Esto es: que los recursos laborales, territoriales, turísticos, energéticos, estratético-militares… permanezcan disponibles para el mercadeo de las élites que disfrutan el primer modelo. Este simple esquema se ha venido aplicando con mayor o menor intensidad en los últimos 60 años en Latinoamérica, sudeste asiático o en África allá donde la población con un mínimo de cohesión plantaba cara a las élites. La receta podría resumirse con el tandem desconcierto o caos social en la población en contraste con el ordenamiento de los flujos económicos. Actualmente entre los grados más extremos citaríamos a la República “democrática” del Congo, Somalia, Guinea Ecuatorial o Burma. Menos extremos serían las dictaduras de Oriente Medio, Magreb, las democrácias débiles de los países de Centro América o las repúblicas exsoviéticas, salvando las distancias y hablando en trazo muy grueso.
Volviendo al contexto español, lo sangrante para nosotros es la paradoja de vivir en un puente entre los dos modelos: pues tenemos una élite que desde los 90 actúa con los parámetros del primer modelo con respecto a Latinoamérica (energéticas, Telefónica, Santander…) y desde el 2008, ya sin miramientos de puertas adentro, arrastran a su propia población hacia el tobogán del segundo.
Es preciso pues mantener el caos en la población para ensanchar bien los canales de la “inversión extranjera”: eufemismo que en castellano de a pie significa, “que un tío de fuera viene para sacar tajada por cuatro duros pagados al polítiquillo de turno”

Lo que me hace preguntarme: ¿de verdad es tan peligrosa la población española que cuando levanta la voz sólo le llega violencia como respuesta?

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